sábado, 22 de octubre de 2011

Sueño de un acto terrorista de verano en Times Square


El esbozo cerebral (fragmentado en partículas aún dispersas) de un acto terrorista que flota en el limbo de lo que aún no sucede pero que se volverá cierto. Times Square, Nueva York, abril 2010.


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Todos los derechos reservados. ©Marco Gutierrez Durán

viernes, 14 de octubre de 2011

Abre los ojos (al vacío atómico sin consuelo de su ausencia)


A
T.C.C.

“En el último día del mundo dirás su nombre.”

José Emilio Pacheco, “De algún tiempo a esta parte”.


Y entonces abrí los ojos con el ímpetu exhausto de un resucitado. Inmediatamente me asaltó la sensación lejana del recuerdo de un sueño en cuyo decurso nunca volvía a verte. A medida que fueron pasando los minutos, y luego las horas, me dí cuenta que aquel sueño que había tenido dentro de las entrañas del dispositivo tecnologizado de realidad virtual, se había transfigurado en un suceso de lo real con rasgos de pesadilla.

Luego de despertar pronuncié tu nombre: Sofía. Y lo dije como si me asistiera la certeza de que la enunciación por sí sola fuera a traerte de regreso: Sofía.
Las letras tejidas por mi boca convertidas en trémulo vaho moribundo de sonido, se desdibujaron al instante siguiente como si nunca hubieran existido: Sofía.

Sólo me quedó el vacío atómico de un planeta anegado de palabras huecas:

Quiero irme
contigo
a donde no sé
que te fuiste.





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viernes, 7 de octubre de 2011

KATE BECKINSALE O EL PALACIO IMPERFECTO DE LA BELLEZA ABSOLUTA


 En la película Brokendown Palace (1999) la actriz británica Kate Beckinsale (1973) aparece como coprotagonista. No sucede así con su decisiva belleza astronómica.
Si bien ella figura en el cartel publicitario en un segundo plano, sus rasgos físicos (la voz incluida) desplazan a una dimensión, prescindible y aburrida, la totalidad del universo del filme (protagonista, trama, fotografía, banda sonora).
El cuerpo, como un insólito desplante de sensualidad desbordada, sostiene el fervor arrogante de la cabellera negra que contrasta, en perfecta sincronía, con el fulgor rosa pálido-lunar de la piel y con el casi furtivo verdor de las pupilas, con las pecas que apenas parpadean sobre la cara su álgebra breve, y todo ello para abrirle paso a la sonrisa como la cúspide que, con la suma de las partes, conforman el límite cósmico de la belleza.
Desde el estreno de la película, han transcurrido doce años; en un principio pensé que era una pena advertir que ella nunca volvería a ser tan bella como lo fue entonces (aunque hoy en día persista casi incólume), en ese momento, aquel que la película guarda y que por ahora le asegura un transitorio retazo de eternidad.
Sin embargo, recordé que el pensamiento de la Antigüedad Clásica argüía que los dioses envidiaban a los hombres, y los envidiaban por su condición mortal, por que, dado ese destino inexorable, cualquier momento podría ser el último. La sucesión en el tiempo nos condena a un incesante proceso de extinción que le otorga a los actos, a las cosas, y a los momentos el aura del encanto de la fragilidad de lo irrecuperable, de lo precario; de otro modo, nos secuestraría la vacuidad del tedio hasta llegar al hartazgo.
El carácter mortal de la actriz, le otorga a su belleza un valor que de otro modo nunca habría podido poseer; condenada a no perdurar y eventualmente a morir, dicha imperfección le da relieve a ese exiguo momento que vimos perderse y que ahora, no sin un afán estéril, trato de recuperar.

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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Vidas escritas (vidas extintas)

Al igual que las vidas de estos encumbrados escritores, o tal vez menos, las nuestras, tarde o temprano, quedarán reducidas a la sola existencia de una improbable serie datos dispersos (imprecisos en algún caso, sin verificación posible en otros, menos cercanos a lo efectivamente vivido que a lo tergiversado por la desmemoria o la abierta fabulación), datos nimios y fragmentarios, triviales, posáicos, a veces absolutamente abyectos.

El fulgurante espesor ontológico de una constelación palpitante de descargas eléctricas cerebrales, reducido a un espectral edificio de signos gráficos sin mayor densidad que aquella que le otorga el relieve diluido de la tinta sobre el papel, o bien, del despliegue de frenéticos fotones sobre una pantalla electrónica.


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domingo, 4 de septiembre de 2011

El hijo de la novia (que extravió la memoria)



Cuanto pesa
la furia triste
de aquello
que no hicimos
nunca.


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domingo, 14 de agosto de 2011

El secreto de sus ojos: lo no dicho en la membrana translúcida de lo evidente

Los ojos guardan envueltos de silencio estridentes secretos que nunca se calcinarán al sol.
No sin escándalo y agazapados como trémulos deseos incumplidos, como insistentes aspiraciones fallidas, esos secretos medran y pululan en zonas de la memoria destinadas a relegar eventos reticentes a la evocación jubilosa: actos afines a la venganza, la furia incontenible de la culpa o el resentimiento, el mecanismo insidioso de una afrenta.
No obstante, empecinados con nuestro vanidoso logocentrismo, soslayamos el universo que subyace más allá de lo que vemos, de lo que nuestros rudimentarios sentidos nos permiten aprehender y llevar al río del lenguaje.
Y sólo en ocasiones la mirada deslumbra la obstinada obscuridad de lo oculto, y entonces el mundo puede dar un vuelco que trastoca el rumbo del curso de las cosas de un modo radical.


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sábado, 26 de febrero de 2011

El cisne negro o la cristalización de Miss Hyde

“La jaula se ha vuelto pájaro…”

A. Pizarnik

Profundo drama (con oscuros trazos de thriller psicológico) de una metamorfosis, de una batalla desatada en la bulliciosa oscuridad de la mente, donde chocan la razón y la sin-razón para establecer su feudo, juego belicoso de identidades divergentes que nos configuran.
La perfección artística existe pero sólo a costa de nuestra propia destrucción, la estridente disolución de nosotros mismos como efecto liberador de la lucha con el doble oscuro que anida en los intersticios de la concienca racional, y que será el ingrediente ineludible para lograr la mimesis absoluta con el personaje (o con la obra) que se encarnará materialmente no sólo en la conciencia sino en la espesa organicidad del cuerpo.



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jueves, 3 de febrero de 2011

Déjame entrar o La abolición de la distancia

Y de pronto comenzaste a anidar en el hueco saturado en que estoy solo, donde la soledad se contemplaba al espejo como una profunda multitud de mí mismo.
Entonces me atreví a aceptar que el abismo que mantenía cerca nuestra separación y el desconocimiento de la existencia del otro, comenzaba a disolverse como carne humana en un río de ácido.
De un instante a otro, los elementos que nos mantenían separados nos acercaron, y me impusiste tu presencia hasta convertirme en un esclavo inevitable de ti y de tu demandante fisiología.


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jueves, 6 de enero de 2011

Inception o el omnipotente vaho neurológico

¿Podría existir algo más poderoso que las ideas (expansivas, insistentes, no tanto nítidas al principio como factibles simplemente en todo momento) que van creciendo, igual que un árbol infalible, en las acuáticas dunas de la cavidad del cráneo?


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jueves, 25 de noviembre de 2010

El miedo en el espejo: 8.8 grados de fragilidad

Con impecable lucidez, Villoro nos hacer ver que ante la esencial fuerza dislocada del planeta, no somos más que frágiles testigos del exterminio que pudo ser o será el nuestro; azarosos sobrevivientes de cataclismos intempestivos, habitantes permanentes de la impermanencia cuyo rigor disparatado falló por esta vez contra nosotros, pero tal vez no mañana, o cada día va faltando menos…


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